En nuestro país, la movilidad segura en la vejez todavía depende, en muchos casos, de si la familia puede costear el equipo adecuado. Un adulto mayor sin un andador funcional termina limitando sus propios movimientos por miedo a caer, lo que a la larga acelera la pérdida de fuerza y autonomía.
Cada andador que recibimos pasa primero por una revisión técnica completa: comprobamos que las ruedas giren sin trabas, que el sistema de ajuste de altura funcione correctamente y que la estructura no tenga piezas sueltas o dañadas que puedan poner en riesgo a quien lo use.Si el andador incluye asiento o freno, verificamos también que ambos respondan con normalidad, ya que son elementos clave para la seguridad del usuario. Una vez aprobado, se limpia y desinfecta antes de asignarlo.
La entrega se prioriza según la situación de cada solicitud evaluada: adultos mayores con movilidad reducida, personas en proceso de rehabilitación y familias que no cuentan con los recursos para adquirir uno por su cuenta.Para muchos de los beneficiarios, este simple gesto significa volver a caminar por su casa sin depender de otra persona, algo que puede parecer pequeño desde afuera, pero que representa una parte importante de su independencia diaria.